Nuevo blog
lunes, 14 de marzo de 2011
Les invito a leer mi nuevo blog Los hombres que no me amaron.
Gracias
Les invito a leer mi nuevo blog Los hombres que no me amaron.
Gracias
-Hola.
-¿Clara?
-¿Quién es?
-¿Dónde estás?
(Ella con voz de asombro).
-¿José?
-Si, soy yo.
(Ella con voz quebrada)
-Ay, José.
-¿Dónde estás?
-No puedo decirte.
-¿Cómo que no puedes decirme?
-Créeme, no puedo decirte.
-Me estás asustando Clara. Además tus cosas han desaparecido, alguien se las ha robado.
-Nadie se las ha robado José.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque las tengo yo.
-Pero, ¿qué ha pasado?
-Que te abandoné, ¿qué más podía haber pasado?
-¿Por qué? ¿Qué hice?
-No has hecho nada. Soy yo. Debía irme. Ya no soportaba el miedo.
-¿El miedo a qué?
-A que me abandonaras.
-¿Te fuiste porque tenías miedo de que te abandonara?
-No sabes lo que es vivir con la incertidumbre de si volverías a casa, con la certeza de que un día despertaría y ya no estarías a mi lado.
-Clara, pero te has llevado todo. Te llevaste hasta el efectivo que tenía en la casa.
-Es que tenía que echarle gasolina al auto.
-¿Tenías que echarle 700 dólares de gasolina al auto?
-Es que me voy a México.
-¿A México?
-Si, a México.
-No entiendo nada.
-Es mejor así. No hay nada que entender. Perdona, no era mi intención hacerte daño... ¿Qué fue ese ruido mi amor?
-He derramado sin querer la taza de café, con la noticia que me acabas de dar hasta las fuerzas he perdido... Espera un momento, voy a buscar el mapo.
-No lo busques José, también me he traído el mapo.
-¿Te has llevado el mapo?
-Y también el Windex y el Clorox y las toallitas desinfectantes. ¿Con qué piensas que voy a limpiar los moteles donde voy a dormir mientras viajo a México? Ya sabes que no puedo dormir en ningún sitio que no haya limpiado yo.
-Pero Clara, ¿por qué no me dijiste que querías abandonarme? ¿Por qué irte así?
-Es que lo decidí esta mañana.
-¿Esta mañana?
(Ella empieza a llorar)
-No llores mi amor, junto le buscaremos una solución a todo esto.
-Ay José, José, tenía tanto miendo.
-¿Pero miedo de qué, mujer?
-Ya te lo he dicho, de que me abandonaras, de que te fueras con otra, de que me pusieras los cuernos, de todo José, tenía miedo de todo.
-¿Y por eso te has largado cargando hasta con el gato?
-¿Teníamos un gato?
-Es una forma de hablar mujer. Claro que no teníamos ningún gato. Pero escúchame, yo nunca he tenido intenciones de abandonarte.
(Ella con voz de asombro)
-¿No?
-No. Si hasta aparté en la tienda la televisión que tanto querías.
-¿En serio hiciste eso mi amor?
-Por ti eso y más. Pero no he podido traerla hoy a casa porque no encontré mi tarjeta de crédito. Creo que la olvidé en el banco.
-¿José?
-¿Si?
-La tengo yo.
-Dios, mujer, ¿también te llevaste mi tarjeta de crédito?
-Ya te dije que tenía miedo.
-¿Y qué tiene que ver el miedo con la tarjeta de crédito?
-Tenía miedo de quedarme sin dinero y verme en una situación difícil, ya sabes, de esas que ponen a una contra la espada y la pared.
-A ver, ¿cómo cuál?
-Como tener que llamar a mamá para pedirle dinero. Si eso pasara entonces también tendría que contarle todo y ella terminaría diciéndome que siempre me lo dijo.
-¿Que te dijo qué?
-Que tú me abandonarías, que eres un desconsiderado, que nunca supiste como tratarme. Y yo no aguantaría escuchar a mamá hablando mal de ti, se me partiría el alma si me viera en esa situación.
(El en tono irónico).
-Hummm, ya entiendo.
-Ay José, no pienses mal de mí. No sabes como sufro. No me eches la culpa por favor, sabes que siempre he vivido con el trauma del abandono de mi padre.
-No te estoy echando la culpa mi amor. Sólo te estoy pidiendo que regreses. Además no metas a tu pobre padre en esto. Hace apenas cinco años que se divorció de tu madre. Y tú ni siquiera vivías con ellos cuando eso pasó.
-Pero igual me dolió. ¿Qué, crees que soy una desarmada sin sentimientos a la que no le afectan los problemas de sus padres?
-No he dicho eso, mi amor. Vamos, regresa a casa, ya te dije que yo no tengo ninguna intención de abandonarte.
-Pero si regreso, ¿quién va a poner todas mis cosas en su lugar?
-Eso es lo de menos. Si no lo quieres hacer tú ya buscaremos a alguien que lo haga, no te preocupes mi amor.
-¿Y dejar que otra persona toque mis cosas? Jamás. ¿Ves? Esto no tiene solución. Creo que es mejor que siga mi viaje a México.
-¿Clara?
-¿Si?
-Te has olvidado el GPS.
(Ella llorando aún más fuerte)
-Ay José, ¿y ahora cómo llego a México?
-¿Por qué no regresas a casa y con calma hablamos sobre esto? ¿Si?
-Está bien. Pero ven a buscarme.
-No puedo.
-¿Cómo que no puedes?
-Es que se te olvidó que también te llevaste el auto?
-Upps. Ok. Pero antes de llegar a casa pasaré por el Dunkin', ya sabes que cuando me deprimo necesito algo dulce. ¿Te llevo almo mi amor?
-No, creo que por hoy ya he tenido suficiente.

En esta época donde lo que se impone es lo "light", donde prevalece el arte que no invita al compromiso ni a la reflexión, encontrarse con un libro como Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, es una verdadera sorpresa y regocijo.
Y lo es por muchas razones. La primera: es un libro de excelente calidad, la cual se ha visto reflejada en su número de ventas. Cosa poco usual en un mundo donde el libro que más vende no es generalmente el mejor escrito ni el de mejor calidad literaria.
La segunda: nada en la historia de este escritor presagiaba este éxito. Aunque estuvo toda su vida ligado al sector editorial, Los girasoles ciegos, publicado cuando Méndez contaba con 63 años, fue su primer y único libro (fue publicado en el 2004, el mismo año que el autor murió. Postumamente ganó el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa, ambos en España, la patria de Méndez).
La tercera: el "boca a boca" ha sido la clave del éxito de ventas -junto a su calidad, por supuesto- de este libro.
Así que tenemos un libro que sin contar con la promoción hostigante con que cuentan algunos de dudosa calidad se ha impuesto ya como un clásico de la literatura contemporánea, reconocido por la crítica y por los lectores como uno de los mejores libros de cuentos publicados en los últimos años.
Sobre el libro
Cada relato -Si el corazón pensara dejara de latir, Manuscrito encontrado en el olvido, El idioma de los muertos y Los girasoles ciegos- cuenta una historia de derrota y desolacion ambientada durante la Guerra Civil española.
"Un capitán del ejército de Franco que, el mismo día de la victoria, renuncia a ganar la guerra; un niño poeta que huye asustado con su compañera niña embarazada y vive una historia vertiginosa de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses; un preso en la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado de verdugo; y un diácono rijoso que enmascara su lascivia tras el fascismo apostólico que reclama la sangre purificadora del vencido".
Organizado bajo lo que se conoce en literatura como "ciclo de cuentos" (donde cada relato tiene su valor independiente pero está estrechamente ligado a los demás, dándole así al libro una unidad temática), Los girasoles ciegos cumple con cada una de las características que el mismo Méndez dijera una vez que debe tener un cuento: planteamiento sucinto, enredo esquemático, personajes paradigmáticos y desenlace sorpresivo.
Los girasoles ciegos es, sin duda alguna, un excelente libro, de lectura fácil. Un most para aquellos que gustan de historias sencilllas pero profundas a la vez, realistas pero llenas de simbolismos.
"Yo digo que la literatura es lo esencial, lo básico. Todo lo que no sea literatura no existe. Porque, ¿dónde está la realidad? Un árbol lo es porque uno lo está nombrando. Y al nombrarlo está suscitando la imagen inventada que teníamos. Pero si no lo nombras el árbol no existe." Francisco Ayala (16 de marzo de 1906- 3 de noviembre de 2009).
Para leer sus cuentos El Inquisidor y La vida por Opinión visita este enlace.
Información sobre la vida y obra de Ayala en esta página y también en esta.
Como dijo Sabina, "Gracias por tu ejemplo".
Un dos un dos
Simulamos el movimiento
Mientras la gran correa transporta nuestros cuerpos
que rígidos se dejan llevar hasta el abismo
Un dos un dos
Un pinchazo retuerce la columna vertebral
y nos obliga a presentir el asqueroso olor a purificación
Un dos un dos
Uno por uno llegamos a nuestro turno
Las luces tiemblan y el aire se hace insoportablemente metálico
Alguien grita, grita y resiste
Pero es muy tarde ya
Nada detiene el destino
...(Silencio)... (Silencio)
Uno de los nuestros está por caer
Nota: Con este intento de poema retomo mi blog. Gracias por las visitas silenciosas.
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